
ASIMETRÍAS, RESISTENCIA Y MEMORIA HISTÓRICA, A 300 AÑOS DEL PROCESO FUNDACIONAL DE MONTEVIDEO
Comisariado por Rosana Carrete y Eduardo Caballero
14 de noviembre - 13 de diciembre, 2025
Casa de la Cultura de Santa María de Guía
Acaymo S. Cuesta (Canarias)
Agustina Fernández Raggio (Uruguay)
Agustina Villar (Uruguay)
Alejandro Cruz (Uruguay)
Brian Mackern (Uruguay)
Federico Arnaud (Uruguay)
Fernando Foglino (Uruguay)
Francis Naranjo (Canarias)
Gustavo Tabares (Uruguay)
José de León (Uruguay / Canarias)
Liliana Zapata (Canarias)
Lucía Draper (Uruguay)
Miguel G. Morales (Canarias)
Ricardo Zamora (Canarias)
Teresa Correa (Canarias)
La historiografía marca el año 1724 como el del inicio del proceso fundacional de Montevideo. Ese año, en el contexto de la lucha de los imperios ibéricos en el Río de la Plata, un regimiento militar, comandado por el gobernador de Buenos Aires Bruno Mauricio de Zabala, se instaló en esta disputada geografía. Fue esta la última y más dilatada ocupación española en el largo proceso de conquista y dominación del territorio y de las poblaciones nativas.
La presente exposición, visibiliza múltiples tensiones en torno a la colonialidad y sus implicancias; la curaduría pone el foco en historias atravesadas por inequidades y asimetrías, que sucedieron a lo largo de nuestra historia y que nos conectan con la contemporaneidad. Desde aquellas seis familias que llegaron desde Buenos Aires en 1724 y la primera centena de colonos canarios -en su mayoría jóvenes labriegos y artesanos- que se lanzaron a poblar una tierra inhóspita en 1726, hasta los inmigrantes que desembarcaron en una Montevideo en continuo crecimiento a fines del siglo XIX y principios del XX.
Las cartografías de quienes habitaron el territorio a lo largo del tiempo, incluyen las de quienes arribaron en sucesivas oleadas migratorias y trazan una constelación de rutas y puntos de partida. Entre esas derivas, se encuentra por ejemplo la de Mercedes Pinto, mujer de la alta burguesía de Santa Cruz de Tenerife, quien se exilió en Montevideo en 1924 huyendo de la dictadura de Primo de Rivera, tras el revuelo causado por su audaz discurso en defensa del divorcio en España. También la de Paula Morales, señalada por su condición de madre soltera hacia 1940 en la misma ciudad y que partió rumbo a Uruguay llevando consigo a su pequeño hijo, apenas consiguió reunir el dinero suficiente para los pasajes.
Leopoldina Armas fue madre de dieciocho hijos en los años en los que el franquismo consolidaba una política alineada con la restitución del modelo familiar tradicional. Las familias numerosas eran el “fundamento del desarrollo del hogar cristiano y sostén de los imperios” según dictaban norma y ley de 1943 y 1954. Pero ni el premio de quince mil pesetas, ni el préstamo de la ropa -que debieron devolver tras la fotografía oficial publicada en la prensa- alcanzaron para retener en Gran Canaria a la mayoria de sus hijas e hijos, quienes embarcaron hacia Montevideo buscando aliviar sus penurias económicas.
Emigrar es dejar atrás los lazos afectivos, la cultura y el sentido de pertenencia. Emigrar es desprenderse, es un desarraigo que deja heridas y huellas emocionales. Pero también es ampliar horizontes, incorporar miradas, permear, construir, aportar e incidir en la trama viva de otro lugar.
La historia ocupa un lugar central en la esfera pública, despierta debates y genera posicionamientos políticos y éticos que se extienden a todos los ámbitos de la vida cotidiana. Un pasado tejido colectivamente, revela las complejidades de las narrativas históricas y favorece la reflexión crítica. En ese ejercicio de memoria compartida, la historia propicia el desarrollo de sociedades más justas, que integran multiplicidad de voces y sostienen la solidaridad como principio.
Lic. Rosana Carrete
Directora Museo Histórico Cabildo de Montevideo






























